En los últimos meses, muchas empresas —pequeñas, autónomos e incluso grandes organizaciones— han empezado a utilizar herramientas como ChatGPT o plataformas similares de inteligencia artificial para redactar sus propios contratos y realizar consultas legales.

Muchos abogados pueden ver esto como una amenaza, y otros como una señal de debilidad interna de las empresas, ya que en muchos casos la información que proporciona la IA genera contratos e informes con datos imprecisos o directamente incorrectos. Nosotros no lo vemos ni como una amenaza ni como una debilidad.

Como abogados, entendemos perfectamente que los equipos internos busquen soluciones ágiles, económicas y aparentemente sencillas para cubrir sus necesidades legales del día a día. Más aún si se trata de una pyme o micropyme que no cuenta con personal jurídico ni recursos y necesita «para ayer» un contrato o un informe. Al fin y al cabo, esta tendencia no es nueva: en su momento fueron los modelos descargables en Word, después los marketplaces de plantillas legales, y ahora la inteligencia artificial generativa.

Lo que sí es nuevo es la velocidad con la que se pueden generar documentos legales sin mediación jurídica directa. Y eso, como todo avance tecnológico, tiene dos caras.

¿Amenaza para la profesión y riesgo para la empresa?

A nuestro juicio, ni amenaza ni riesgo: una realidad con matices.

El uso de IA para redactar contratos no es, en sí mismo, un problema. Pero sí puede serlo cuando los resultados se aceptan sin filtro ni contraste profesional. En Mendo & Callao Legal hemos revisado documentos generados y búsquedas realizadas en plataformas de IA, y nos hemos encontrado con lo siguiente:

  • En algunos casos, la información era válida y bien estructurada, pero en muchos otros se incluían referencias a leyes derogadas hace años.
  • Incorporaban cláusulas válidas en otros países, pero inaplicables en España.
  • Citaban artículos o sentencias inexistentes o directamente inventadas.
  • Mezclaban regímenes legales de distintas figuras contractuales incompatibles.

Lo que sí puede (y debe) hacer una empresa

Que un contrato haya sido generado por IA no lo invalida per se. El problema está en su coherencia jurídica con el ordenamiento español, en su conexión con la realidad de la empresa y en su solidez como instrumento legal ante terceros, especialmente ante la Administración o en situaciones conflictivas.

Por eso, lo que antes era una tarea clásica de redacción contractual se está transformando en una nueva función de los abogados: revisar, adaptar y dotar de coherencia jurídica a documentos generados por IA. No se trata ya solo de escribir contratos desde cero, sino de convertir lo «genérico» en algo realmente útil, legalmente válido y estratégico.

Una nueva forma de colaborar

Desde nuestro despacho vemos esta tendencia como una oportunidad: las empresas ganan autonomía y rapidez, y nosotros, como asesores legales, ofrecemos un valor añadido real.

No se trata de cobrar por palabras escritas, sino por detectar incoherencias, reforzar jurídicamente el contenido, adaptar las cláusulas a la normativa sectorial vigente, prever los riesgos reales del negocio y garantizar que el contrato responde al derecho aplicable en España (y no a un marco legal anglosajón ni a una utopía inventada por un modelo de lenguaje).

La IA puede generar un punto de partida. El valor legal lo aporta quien conoce la ley, sus matices y su aplicación real.

¿El futuro? Co-creación jurídica

En este contexto, los despachos de abogados que sepan acompañar a las empresas en esta transición no solo sobrevivirán, sino que liderarán una nueva etapa del asesoramiento legal: más estratégico, más colaborativo y más conectado con el negocio real.

Si tu empresa ya usa herramientas de IA para generar contratos, no te vamos a decir que pares. Al contrario: te ayudamos a que eso tenga sentido legal, evite riesgos y se convierta en una fortaleza.

Porque el derecho, bien entendido, no es un freno, sino un marco para avanzar con seguridad.

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