Riesgo climático: por qué un incendio forestal ya es también un problema de gobierno corporativo

Durante mucho tiempo, los incendios forestales se han percibido como una cuestión vinculada casi exclusivamente al medio natural, la protección civil, la actuación de los servicios de emergencia y, por supuesto, a un enorme drama social y territorial. Sin embargo, esa visión empieza a quedarse corta.

En un contexto de cambio climático, temperaturas extremas, sequías prolongadas, episodios meteorológicos más intensos, despoblación rural y falta de limpieza de los montes, el incendio forestal se convierte también en un riesgo empresarial.

No afecta solo al monte. Puede afectar a una fábrica, una bodega, una explotación agroalimentaria, un almacén logístico, una instalación energética, un camping, una línea eléctrica, un polígono industrial o una cadena de suministro. Y cuando un riesgo puede detener la actividad, comprometer la seguridad de los trabajadores, dañar activos, interrumpir contratos o poner en cuestión la cobertura del seguro, deja de ser solo un problema ambiental: pasa a ser una cuestión de gobierno corporativo.

En Aragón, los incendios forestales constituyen uno de los principales riesgos naturales. El Gobierno de Aragón viene señalando que, entre los años 2000 y 2025, la Comunidad ha registrado una media anual aproximada de 3.000 hectáreas calcinadas, y mantiene una época de peligro de incendios comprendida, con carácter general, entre el 1 de abril y el 15 de octubre.

Además, Aragón publica diariamente el Nivel de Alerta de Peligro de Incendios Forestales —NAPIF— entre el 1 de junio y el 15 de octubre, con previsión para los dos días siguientes. Esta información no debería interesar únicamente a la Administración o a los dispositivos de extinción. También puede ser relevante para empresas con instalaciones, trabajadores, proveedores, clientes o rutas logísticas expuestas a este riesgo.

El cambio de enfoque es claro: una empresa no solo debe preguntarse cuánto contribuye al cambio climático, sino también cómo puede verse afectada por él.

  1. Del riesgo ambiental al riesgo de continuidad de negocio

Un incendio forestal puede generar daños evidentes: destrucción de instalaciones, pérdida de mercancías, cortes de suministro eléctrico, evacuaciones o interrupción de accesos. Pero también puede producir impactos menos visibles y muy relevantes para la empresa:

paralización de la producción;

incumplimiento de contratos;

imposibilidad de entregar pedidos;

afectación a trabajadores, clientes o visitantes;

pérdida de materias primas;

daños en líneas, conducciones o infraestructuras auxiliares;

bloqueo de carreteras o rutas logísticas;

conflictos con aseguradoras;

impacto reputacional;

necesidad de inversiones urgentes de reparación o adaptación.

Por eso, el incendio forestal debe integrarse en la gestión de riesgos empresariales. No basta con confiar en que la emergencia será gestionada por los servicios públicos. La empresa debe saber qué exposición razonable tiene, qué medidas preventivas puede adoptar, qué hacer si se activa una alerta y cómo continuar operando —o suspender la actividad de forma segura— si el riesgo se materializa.

La planificación pública también se está reforzando. En enero de 2026 se aprobó el Real Decreto 38/2026, que desarrolla medidas de coordinación instrumental para la prevención, vigilancia y extinción de incendios forestales. Y en mayo de 2026 AEMET puso en marcha un nuevo Índice de Peligro de Incendios Forestales, que incorpora variables como temperatura, humedad, viento y lluvia acumulada, junto con nuevos parámetros para caracterizar mejor las condiciones del territorio.

Esta mejora de los sistemas públicos de anticipación debería tener una lectura empresarial: si la información sobre el riesgo es cada vez más precisa, también aumenta la expectativa de que las organizaciones expuestas la utilicen para prevenir, decidir y documentar.

  1. ¿Qué tiene que ver un incendio forestal con el gobierno corporativo?

El gobierno corporativo no se limita a la composición del consejo, la aprobación de cuentas o el cumplimiento formal de obligaciones societarias. También implica identificar los riesgos relevantes que pueden afectar a la empresa y adoptar decisiones razonables para gestionarlos.

La Ley de Sociedades de Capital exige a los administradores desempeñar su cargo con la diligencia de un ordenado empresario y recabar la información adecuada y necesaria para cumplir sus obligaciones. Cuando una empresa opera en una zona expuesta a riesgos físicos derivados del clima, ignorarlos ya no parece compatible con una gestión prudente.

Esto no significa que todo incendio genere automáticamente responsabilidad empresarial. Significa que el órgano de administración y la dirección deben poder demostrar que han actuado con diligencia: que conocían el riesgo, que lo evaluaron en términos razonables, que adoptaron medidas proporcionadas y que integraron ese análisis en la gestión ordinaria de la compañía.

En las empresas obligadas a reportar información no financiera o de sostenibilidad, esta conexión es todavía más clara. La Ley 7/2021, de cambio climático y transición energética, prevé que determinadas sociedades evalúen el impacto financiero de los riesgos asociados al cambio climático, incluyendo las medidas adoptadas para hacerles frente. Los incendios forestales pueden formar parte de esos riesgos físicos cuando afectan a activos, operaciones, logística, seguros o continuidad de negocio.

  1. Autoprotección, emergencia y responsabilidad del titular

Uno de los instrumentos clave es el plan de autoprotección, cuando resulte exigible por la normativa aplicable. La Norma Básica de Autoprotección, aprobada por el Real Decreto 393/2007, define este plan como el marco orgánico y funcional previsto para prevenir y controlar los riesgos sobre personas y bienes, dar respuesta a emergencias e integrarse en el sistema público de protección civil.

Para la empresa, la pregunta no debería ser únicamente si está obligada formalmente a tener un plan. La pregunta correcta es más amplia:

¿Conozco los riesgos reales de mi instalación?

¿Tengo medidas preventivas proporcionadas?

¿Sé cómo actuar si se declara una alerta?

¿Están formados los trabajadores?

¿Está coordinado el plan interno con los servicios de emergencia?

¿Se han revisado accesos, evacuación, suministros críticos y comunicación?

¿Se realizan simulacros o verificaciones periódicas?

¿Está previsto quién decide la suspensión de trabajos o la evacuación?

Una empresa puede cumplir documentalmente y, aun así, no estar preparada operativamente. En materia de riesgo climático, la diferencia entre “tener un documento” y “tener un sistema que funciona” puede ser decisiva.

  1. Sectores especialmente expuestos

El riesgo de incendio forestal no afecta solo a empresas ubicadas dentro del monte. También puede afectar a actividades situadas en zonas de interfaz urbano-forestal, polígonos próximos a masas vegetales, áreas rurales o corredores logísticos vulnerables.

Entre los sectores especialmente expuestos se encuentran:

industria situada en entornos rurales o periurbanos;

agroalimentación, bodegas y cooperativas;

explotaciones agrarias y ganaderas;

instalaciones fotovoltaicas, eólicas, líneas eléctricas y subestaciones;

logística y almacenamiento;

campings, turismo rural y alojamientos;

gestión de residuos y biomasa;

infraestructuras de transporte;

empresas con trabajadores desplazados en campo;

actividades con almacenamiento de materiales combustibles.

Muchas de estas empresas están donde deben estar. Su ubicación responde a una realidad productiva, territorial y económica: cercanía a recursos naturales, explotaciones agrarias, infraestructuras energéticas, polígonos rurales, rutas logísticas o entornos turísticos. La gestión del riesgo de incendio forestal no consiste en cuestionar la presencia empresarial en el medio rural, ni en trasladar instalaciones que forman parte de la economía del territorio.

La cuestión es distinta: conocer la exposición, reducir vulnerabilidades razonables y preparar la respuesta. Una compañía puede no sufrir daños directos en sus instalaciones y, sin embargo, quedar afectada por el corte de una carretera, la evacuación de un municipio, la caída de una línea eléctrica, la pérdida de un proveedor o la imposibilidad de acceder a una zona de trabajo.

  1. Qué puede revisar razonablemente una empresa

La empresa no puede eliminar por completo el riesgo de incendio forestal, ni anticipar todos los episodios. Muchos incendios son imprevisibles en su origen, intensidad o evolución. Pero sí puede revisar de forma razonable cómo ese riesgo afectaría a su actividad y qué medidas preventivas, organizativas, contractuales y aseguradoras tiene preparadas.

La gestión empresarial del riesgo de incendio forestal puede abordarse mediante una revisión práctica en diez bloques:

  1. Exposición de la instalación y del entorno operativo

Identificar si la empresa, sus accesos, sus infraestructuras auxiliares o sus rutas habituales se encuentran en zonas con mayor exposición a incendios forestales, proximidad a masas vegetales, áreas rurales, espacios de interfaz urbano-forestal o territorios sujetos a planes específicos.

Este análisis no implica necesariamente cambiar la ubicación de la actividad. Puede servir para adoptar medidas proporcionadas: mantenimiento de perímetros, revisión de accesos, coordinación con planes públicos, protocolos en días de alerta, control de trabajos en exterior, comunicación con proveedores y actualización de seguros.

  1. Vulnerabilidad de la actividad y continuidad del negocio

Analizar qué elementos de la actividad podrían verse afectados si se produce un incendio en el entorno, aunque la instalación no llegue a sufrir daños directos.

La vulnerabilidad puede estar en la producción, pero también en los accesos, la seguridad de los trabajadores, la disponibilidad de energía, agua o comunicaciones, la entrada de materias primas, la salida de mercancías, la continuidad de proveedores críticos o el cumplimiento de contratos.

El objetivo no es predecir el incendio, sino saber qué decisiones deberán tomarse si el riesgo se materializa: cuándo suspender trabajos, cómo proteger al personal, qué rutas alternativas existen, qué proveedores son críticos, qué contratos pueden verse afectados y qué documentación debe conservarse para seguros, clientes o administraciones.

  1. Planes de emergencia y autoprotección

Comprobar si existe obligación de disponer de plan de autoprotección y, en todo caso, si la empresa cuenta con procedimientos internos actualizados para actuar ante una emergencia.

La existencia de un plan no debería entenderse como un mero cumplimiento documental. Debe ser un instrumento operativo: conocido, actualizado, coordinado y aplicable.

  1. Coordinación con planes públicos

Verificar la conexión con los planes de protección civil, los niveles de alerta y las instrucciones de las autoridades competentes.

En días de riesgo elevado, la empresa debería saber qué actividades pueden mantenerse, cuáles deben limitarse y quién toma las decisiones internas.

  1. Seguridad de trabajadores y terceros

Revisar protocolos de comunicación, evacuación, suspensión de trabajos, desplazamientos y protección de personal externo, visitas, subcontratas y transportistas.

La seguridad de las personas debe ser el primer criterio de decisión. Esto exige instrucciones claras, canales de comunicación y responsables designados.

  1. Seguros

Analizar coberturas de daños materiales, pérdida de beneficios, interrupción de negocio, responsabilidad civil, evacuación, mercancías, maquinaria e infraestructuras auxiliares.

No basta con tener una póliza. Es necesario conocer qué cubre, qué excluye, qué franquicias existen, qué obligaciones de prevención impone y qué documentación exigirá la aseguradora en caso de siniestro.

  1. Contratos

Revisar cláusulas de fuerza mayor, suspensión, penalidades, continuidad del suministro, responsabilidades frente a clientes y obligaciones de información.

Un incendio puede impedir cumplir un plazo, prestar un servicio o entregar un producto. La empresa debe saber qué margen contractual tiene y cómo debe comunicar la incidencia.

  1. Proveedores críticos

Identificar dependencias de proveedores, rutas, servicios energéticos, agua, telecomunicaciones o materias primas que puedan quedar afectados por un incendio.

La continuidad de negocio no depende solo de la instalación propia. También depende de terceros cuya interrupción puede paralizar la actividad.

  1. Medidas preventivas proporcionadas

Valorar medidas como mantenimiento de perímetros, limpieza de zonas próximas, franjas de seguridad, revisión de accesos, sistemas de detección, depósitos de agua, sectorización, materiales ignífugos o redundancias operativas.

No todas las empresas necesitan las mismas medidas. La clave es que sean proporcionadas al riesgo, al tipo de actividad y a la capacidad real de actuación de la organización.

  1. Gobierno y documentación

Elevar el riesgo al órgano de administración o dirección, documentar decisiones, asignar responsables, fijar calendario de revisión y conservar evidencias.

La gestión del riesgo climático debe dejar rastro: actas, informes, revisiones, comunicaciones, pólizas, protocolos, formación y decisiones adoptadas. Esa documentación puede ser relevante ante clientes, aseguradoras, financiadores, auditores o administraciones.

  1. De la sostenibilidad defensiva a la ventaja competitiva

La gestión del riesgo climático no debe verse solo como una carga. También puede convertirse en una ventaja competitiva.

Una empresa que conoce sus riesgos, dispone de planes actualizados, ha revisado sus seguros, forma a sus trabajadores y puede demostrar medidas preventivas transmite mayor fiabilidad a clientes, financiadores, aseguradoras y administraciones.

En determinados sectores, esta preparación puede ser relevante para licitaciones públicas, operaciones de financiación, auditorías ESG, procesos de due diligence, contratos con grandes clientes o certificaciones ambientales. La sostenibilidad deja de ser únicamente comunicación y se convierte en capacidad de resistir, adaptarse y seguir operando.

Además, la adaptación climática empieza a formar parte del lenguaje empresarial. Durante años, la conversación sobre sostenibilidad se ha centrado en reducir emisiones. Esa dimensión sigue siendo esencial. Pero ahora se añade otra pregunta: ¿qué riesgos físicos derivados del clima pueden afectar a mi empresa y qué estoy haciendo para gestionarlos?

Responder bien a esa pregunta puede marcar la diferencia entre una organización vulnerable y una organización preparada.

  1. Conclusión

El incendio forestal ya no es solo una emergencia ambiental. Para muchas empresas es un riesgo físico asociado al cambio climático que puede afectar a personas, activos, contratos, seguros, financiación, continuidad de negocio y reputación.

Por eso debe entrar en la agenda de dirección.

Las empresas no pueden evitar todos los incendios, ni sustituir la función de los servicios públicos de prevención y extinción. Tampoco deben abandonar el medio rural ni considerar su localización como un problema en sí mismo. Al contrario: muchas actividades son esenciales precisamente porque están vinculadas al territorio.

Pero sí pueden conocer su exposición, reducir vulnerabilidades razonables, preparar su respuesta y documentar que han actuado con diligencia.

En sostenibilidad empresarial, medir emisiones ya no es suficiente. La empresa también debe preguntarse qué riesgos climáticos pueden comprometer su actividad y cómo piensa responder ante ellos.

Porque cuando un incendio puede paralizar una fábrica, cortar una ruta logística, evacuar trabajadores, afectar a una instalación energética o comprometer un contrato, deja de ser solo una noticia del verano. Pasa a ser una cuestión de gobierno corporativo.